Grabé a mi mujer metiéndome los cuernos.
Enviado por Tito. el día Miércoles 1 de Octubre de 2008
 

Grabé a mi mujer metiéndome los cuernos.

            No importan los nombres, ni de donde soy. Solo interesan los hechos.       

            Soy vendedor, viajante de comercio, y dos noches por semana no duermo en casa, sino que me quedo e la ciudad o pueblo en el que ando para ahorrar tiempo y dinero.

            Llevamos de casados muchos años, más de treinta, lo que me permite semblantear a mi mujer sin mucho esfuerzo, por más que se empeñe en ocultarlo. Digo esto motivado por ciertas sospechas que fui teniendo con respecto a su comportamiento marital en los días en que no vuelvo a casa a dormir.

            Casi no tenía dudas de que me estaba metiendo los cuernos, por lo que fui armando la estrategia para pescarla in fraganti.

            Así, en cierto momento le dije, al partir por la mañana, que esa noche no vendría. Me fui como siempre, con mis elementos de venta en el auto, no sin antes despedirme con un apasionado beso de lengua. Debo aclarar que esto es habitual, ya que si bien tenemos 60 años, somos muy apasionados, calentones y activos amantes.

            Ella trabaja de 9 Hs a 17 Hs.

            Yo, en realidad, esperé a que ella se marchara de casa, (viaja en colectivo) y retorné. Y comencé a armar el equipo de espionaje. Mi oficina está pegada a nuestro dormitorio, pero también es bueno contarles que ella no entra a mi recinto para nada; ni para limpiar, ya que lo hago yo los sábados.

            Lo que pensaba hacer era colocar la mini cámara de video de la PC detrás del televisor del dormitorio, que está ubicado sobre la puerta de ingreso y junto a un placar. Era imposible que ella la viera, pasando el cable por un orificio que hice desde la oficina, y desde ahí la tendría vigilada.

            Y así hice. Me fue todo bien. Probé con el programa grabador de películas y todo funcioné muy bien.

            Estuve todo el día dentro de casa. Ah, el auto lo había dejado en una cochera cercana.

            Ella regresa a eso de los 17:20/30. Cuando se acercaba la hora me fui poniendo ansioso y nervioso; también sentía pánico de que me encontrara y se pudriera todo. Pero estaba jugado.

            Ya habían pasado las 17:30 cuando escucho que abre la puerta e ingresa a casa. Y hablaba con alguien. Escuché muy clarito que el tipo que la acompañaba de preguntaba: ¿Dónde dejo esto? Sobre la mesada, como siempre. O sea que el tipo era de visitas anteriores, al menos una.

            Puse el sistema a grabar y mi ansiedad aumentó.

            -Pasá al baño que después voy yo, dijo ella.

            Y vi en la pantalla que entraba en nuestra habitación. Sacó ropa interior de su cajón y salio hacia el baño.

            Por un instante vi. su rostro en la pantalla, y noté su sonrisa de satisfacción, de trampa, que ya le conocía.

            En la pantalla estaba solo la pieza vacía. En el baño se escuchaba el sonido de la ducha y voces apagadas.

            Habrán pasado unos diez minutos y se escucha que salen del baño. A la habitación entra primero ella, ya desnuda; detrás, él, también desnudo.

            Yo solo grabada imagen, ya que no había instalado el micrófono del sistema, por lo que no sabía que decían.

            Lo primero que hacen es besarse, parados. Se acercaron, ella lo tomó por sus nalgas y lo apretó contra su cuerpo. Él le pasó una mano por la cintura y otra por la cabeza, y también apretó contra su cuerpo. Se besaron, lenta, suave y profundamente. Tal como lo hacemos nosotros.

            Todavía no había visto la cara del tipo, pero me sonaba a joven, de no más de 25 años, algo morocho. Si, era delgado; ahí me ganada, ya que pesaría unos 65 kilos, contra los 90 míos.

            A continuación, y casi sin soltarse, se acostaron, ella debajo. Él se apoyó con sus manos junto a las axilas de mi mujer, y comenzó a besarle la cara, el cuello, los hombros. Cuando comenzó a bajar a sus pechos (Y acá debo decir que son hermosos, grandes pero firmes, naturales, con pezones, eso sí, algo pequeños, pero que rápidamente se ponen turgentes al contacto con mi lengua) vi por primera vez la cara de mi esposa, de mi santa y amada esposa, siendo besada por otro hombre, y, además, en nuestra cama. Como si fuera poco esto para sentirme indignado, ESTABA GOZANDO LA MUY PUTA.

            Gozaba la besada de su cuerpo con suavidad, con esperanza de ir aumentando el placer. Esto lo deducía yo, al mirar la pantalla, ya que hacía lo mismo con migo.

            También es oportuno que les aclare que, si bien estaba apagada la luz de la habitación, yo había dejado algo levantada la persiana, por donde ingresaba la suficiente luz exterior como para permitirme ver bastante bien lo que ocurría.

            Sigamos con lo doloroso.

            El tipo estuvo besando y sobando sus tetas un buen rato; y por ahí me di cuenta de que ella se estaba pajeando, ya que su brazo derecho de perdía por entre los cuerpos de ambos.

            Siguió bajando por su abdomen (creo que lo urgió a que fuera para abajo) hasta que comenzó a meter su cara entre las piernas de mi esposa. LA MUY PUTA.

            En este punto a ella no le gusta que yo me tarde demasiado en llegar a sus labios y clítoris, y vi que al sujeto lo tenía bien enseñado, ya que rápidamente comenzó a dar lengüetazos en su concha, lo que deduje por el movimiento de su cabeza y la cara de mi mujer, que comenzaba a ponerse rígida, sus labios a abrirse en forma de O, sus manos a presionar sobre la cabeza del coso ese, y así tener su primer orgasmo, con las piernas bien estiradas, su cuello levantado llevado su cara hacia atrás, casi hasta salir de cuadro de la cámara. Este fue el primer orgasmo DE LA MUY PUTA DE MI AMADA ESPOSA.

            A esta altura de la situación, ya me había abierto el pantalón, sacado la pija, y comenzado a sobarla.

            LA PUTA de mi esposa es multiorgásmica. Normalmente acaba entre 5 y 10 veces, entre pajas propias, ajenas, lamidas y cogidas, arriba, abajo y por detrás. Hace unos 20 años le provoqué 16 acabadas en menos de 30 minutos.

            Como dije, fue el primero, pero en pocos segundos tuvo otro, más fuerte, violento y profundo que el primero, ya que hasta oí sus gritos de placer desde donde estaba escondido.

            Acá, luego de una acabada larga, ya que estuvo como un minuto acabando, gozando, lo detuvo. Le levantó la cabeza y lo atrajo hacia su cara, a fin de lamerle del rostro los jugos que él había obtenido al estar metido en su concha. Le pasó la lengua por toda la cara, y el muy pelotudo, bien quietito dejándola hacer.

            Yo estaba muy imbuido en esto y no me di cuanta de que me había ido en seco. ¡Que pajero pelotudo que soy! Claro, como para que mi mujer, LA MUY PUTA, no me cuernee. Estaba enchastrado. Todo el pantalón sucio. Un asco.

            Pero en la habitación contigua la fiesta continuaba. Se venía lo más lindo, pensaba yo, porque en este momento, con migo, ella se dispone a chuparme, cosa para la que no es muy buena. Aduce que mi pija no le entra, que mis pelos le hacen cosquillas (a pesar de que me recorto los pendejos) y otras excusas más.

            Estaba ansioso para ver la cara del pendejo.

            Pero no, no se acomodaron él debajo, boca arriba, ella entre sus pierna, boca abierta y culo al aire, sino que él trepó por su cuerpo, apoyó su mano izquierda junto a su cabeza, le levantó con la derecha el rostro y le metió la pija en la boca. Si bien no veía yo cuanto le había entrado, estaba seguro de que se la había enterrado toda toda. LA MUY PUTA Y EL CABRÓN. Le mantenía la cabeza firme con su mano y se movía lenta pero profundamente dentro de la boca. Y noté que ella tenía su mano derecha en la espalda de él, como motivándolo q que se mueva hacia el interior de su boca, y la izquierda abriéndole el cachete del culo, e intentando meterle un dedo en el ojete.

            Esto me lo hace cuando estoy montado sobre ella, en que me acaricia los cachetes del culo, la raya y el orto propiamente dicho.

            Lo que a mí no me hace, como ya les conté, es tragársela toda.

            Finalmente creo que se cansaron de esta posición y se soltaron, quedando él sentado sobre el abdomen de ella y charlando. Ignoro que decían, pero el rostro de mi mujer se veía radiante, satisfecho y cómplice. A la MUY PUTA le gustaba lo que estaba recibiendo, pero estoy seguro que quería más. Y seguramente estaban decidiendo que harían de ahí en más.

            Yo me distraje un instante acomodando mi ropa llena de leche, y cuando volví la vista al monitor, él estaba boca arriba, si señores, le estaba viendo la jeta al hijo de puta. Y me volví loco; casi me meto en la pieza; me quería morir; no podía creer lo que veía. No se imaginan quien es el mocoso con quien mi mujer me cuernea en mi cama matrimonial. LA MUY PUTA ESTABA ENCAMADA CON EL VERDULERO DE LA ESQUINA. Si, con el bolita que le vende (y a veces le regala, según me contó) los choclos, las bananas, las berenjenas, y todas esas cosas que se venden en una verdulería. Claro, ahora entendí porqué algunas veces, cuando viene con bolsas pesadas, y le pregunto porqué no me avisó, me contesta que Robertito (el bolita en cuestión se llama obviamente Roberto) se la alcanzó hasta la puerta. Seguro que le metió una mano por el culo, las tetas o la concha, distraídamente, por supuesto, cuando dejó en la vereda los paquetes con verduras.

            Me quiero morir, LA MUY REPUTA me mete los cuernos con un bolivianito de mierda.

            Mientras yo estaba que caminaba por los techos de la calentura, ellos seguían con su juego. Ahora sí la REPUTA estaba acomodada entre las piernas del pendejo (tiene 23 años). Y ahí, antes de que se la tragara toda, le vi. la pija. Me dio pena: cortita, finita, una basura. Nada que ver con la mía, que si bien no es larga, unos 15cm en plenísima erección y unos 5 cm de diámetro, siempre, aún en estado de flacidez. Pero claro, a LA REPUTA DE MI MUJER LE GUSTABA.

            Seguro que al tenerla en la boca jugueteaba con ella como si fuera un pirulín, por lo finita y corta, y al tenerla en la concha no sé que sentiría, ya que a mí a veces me reclama que le queda corta, pero la pasaba bien, de eso estoy seguro. Estaba a la vista.

            Se la estuvo chupando un buen rato. Hasta el fondo, hacia fuera, jugando con la cabeza, unos movimientos de paja. Y le hizo algo que le enseñé y que al nenito le gustó, por lo que vi: le cubrió la cabeza de la pija con la piel, se la metió bien adentro, toda, y luego, manteniendo la pija en su boca, con dos dedos le bajo la piel, despacio, suave, tal cual como me lo hace a mí. Y el rostro del bolita irradiaba goce, placer.

            Digo yo, ¿No será que se deja coger por los regalos que le hace al tipito?

            Lo tengo que averiguar.

            Bueno, a esta altura yo estaba nuevamente al palo; esperaba no perder el control y conseguir acabar junto con ella.

            Siguió chupando y pajeando hasta que lo hizo acabar. Y lo que ocurrió fue nuevo para mí: A medida que le saltaban los chorros de leche, ella trataba de meterlos en su boca. Totalmente nuevo para mí. Nunca lo había visto. Tal vez sea una práctica común en el altiplano, quien lo sabe. Le voy a proponer que me lo haga a mí, cono quién no quiere la cosa. Pero tenemos un problema: a mí ya no me salta tan alto la leche, apenas si brota y ella la toma con la lengua.

            Bueno, volvamos a lo que se veía en el monitor.

            Como dije, después de que dejó de saltar la leche, ella se metió el chizito en la boca y lo llamió bien bien, lo dejó limpito como recién bañadito.

            Y ahí tuve otra sorpresa. Se tiró sobre la almohada, a su lado, boca arriba y vi. su rostro todo lleno de leche. Claro, no embocó todos los escupitazos de la pija en la boca, tenía en un ojo, en la mejilla derecha, en la pera. Me dio asco. Juré no besarla en la cara ni en la boca nunca más.

            A esta altura no sabía si seguirían cogiendo, por lo que decidí cerrar el programa, apagar la PC e irme.

            Desde el centro, luego de tomar un café y mascar mucha bronca, llamé desde un teléfono público para que no identificara el llamado, avisándole que llegaría a la noche, porque había adelantado el trabajo.

            Cuando llegué a casa me saludó muy cariñosamente, diciendo que le gustaba que haya vuelto un día antes, que me había preparado para la cena ‘napolitanas con puré’, como me gustan, y que luego iríamos temprano a la cama. La puta seguía caliente, sin dudas. Me hice el distraído, me di un baño y cenamos.

            Luego de la cena, y cuando debíamos ir a dormir, le puse una excusa tonta y me quedé trabajando en la PC. Claro, quería ver si todo estaba grabado.

            Y así fue, no faltaba nada, solo el sonido.

            Lo que veía ahora me era más increíble que antes, cuando lo había grabado. La quería matar, separarme, cogerme al boliviano, hacer romper el culo por él. No sé. Estaba loco.

            Y lo que hice, luego de más o menos una hora de estar viendo y guardando la grabación, bien escondida entre mis archivos, fue cogérmela por todos lados, aunque se quejara de que ya estaba dormida. Yo estaba recaliente y le di duro por todos sus orificios. Le hice gritar, no de placer sino de dolor.

            Y tan molesto estaba que me costó acabar, estuve como media ahora dándola vueltas por la cama, pasando de su concha al culo, de ella arriba a yo arriba, por la boca y otra vez en la concha.

            Cuando finalmente acabé, directamente me di vueltas hacia el lado exterior de la cama y me dormí profundamente. No sentía bronca no odio, solo deseaba dormir, y eso hice.

            A la mañana me despertó con un beso y el desayuno listo. Y me comentó: “Estabas caliente anoche, ¿Qué te pasó en el viaje que viniste de esa manera?”

            -“Nada- respondí. Solo tenía ganas de hacer el amor. Eso fue todo”.

            Ahora no sé que hacer. ¿Le muestro la grabación o la borro?

            Veré que dice el tiempo. Tal vez ella intuye que yo sé.

 




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